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jueves, 21 de abril de 2016

Sheridan de Attawapiskat (Una realidad incómoda)




Sheridan de Attawapiskat
(Una realidad incómoda)






-¡Shery, Shery, no! ¿Por qué? –La madre de la niña lloraba por la decisión de su hija.

-Nosotros vivimos mal. Somos una comunidad indígena del norte de Canadá, en Ontario, a 1600kms de Toronto –dijo el jefe de la reserva al periodista que se acercó al pueblo ante la noticia del suicidio de Sheridan-. Aquí el paro es del 70%. Mira cómo vivimos, en barracas, en remolques, en tiendas de campaña. No tenemos calefacción, ni agua corriente, ni luz. Los que no desean suicidarse se mueren de frío. Los demás beben en demasía y toman drogas para sobrellevar esta realidad tan dura. En invierno el pueblo queda aislado y solo se puede llegar volando.

-¿Cree que los diferentes gobiernos pecan de racismo hacia ustedes?

-No solo lo creo, lo afirmo, para vergüenza de un país que vive en la opulencia, pero que deja morir a sus indígenas. Sin embargo, a solo 90 kilómetros hay riqueza. Una mina de diamantes cuyos beneficios no se perciben aquí. Son recursos de la tierra que alguien decide llevarse sin dejar su impronta en la población en la que se encuentran. Los servicios públicos son mínimos, la educación menos que eso. Pero los niños siguen naciendo a pesar de todo, y la desesperación es tal, que cuando van creciendo y tomando conciencia de esta realidad tan descorazonadora, una sola idea les atenaza: la del suicidio. Se ha registrado varios intentos de suicidio colectivo, pero para las autoridades todo ello se queda en mera anécdota de barra de bar.

-¿Nada ha cambiado en los últimos 100 años?

-Nada. Parece que para nosotros solo la muerte es la solución. Por eso tenemos tan alta la tasa de intentos de suicidio. Es lo único floreciente en esta bendita tierra.

Como decía, una madre lloraba desconsolada. Su hija se había quitado la vida. Tenía 13 años. Era el mes de octubre de 2015.

Cuando concluyeron las exequias, se celebró una reunión urgente del jefe de la reserva y sus colaboradores. De ella salió una carta extrapolable a la situación general de las reservas indígenas en América del Norte, que el periodista se llevó para publicar en su periódico:

“Soñábamos con vivir en libertad, pero vosotros habéis llegado para evitarlo. Nos habéis robado la tierra, os lleváis nuestros recursos mientras el pueblo languidece y solo piensa en una solución como posible: el suicidio. Esa es nuestra realidad. Nuestros niños se quitan la vida, y los que no lo consiguen lo intentan hasta lograrlo. Queréis nuestro exterminio y no os falta mucho para conseguirlo, apenas quedamos un par de miles para dejar testimonio de vuestras verdaderas intenciones. Sin recursos, sin educación, sin la tierra que nos legaron nuestros antepasados, no hay esperanza para nosotros. No tenemos nada que agradeceros”.

El periodista se marchó, y escribió un artículo que removió conciencias y arrancó lágrimas. Decía, entre otras cosas, que más de cien personas han intentado quitarse la vida en los últimos tiempos en Attawapiskat. En Canadá, país que desde Europa vemos como símbolo de paz y prosperidad, hay gente muriendo de desesperación.

Dedicado a Sheridan, la pequeña cuya esperanza se diluyó en la nada, para vergüenza de políticos cuya ineficacia e inacción son directamente culpables de la tragedia de esta niña y de su pueblo. 






Sheridan de Attawapiskat  (Una realidad incómoda) de Susana Villar està subjecta a una llicència de Reconeixement 4.0 Internacional de Creative Commons







2 comentarios:

  1. Cridisima realidad que nos azota, y negamos desde un mundo capitalista y deshumanizado. El mundo nos duele en cada poro de nuestra piel. Abramos los ojos! Bien Su!!!!!!!

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  2. Gracias guapa. Me parece que dar visibilidad a temas sociales como este es responsabilidad de los que escribimos, así que no dejaré de hacerlo. Gracias por comentar.

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