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lunes, 21 de septiembre de 2015

lady relatos - Un ejemplo de humildad



Relato: Un ejemplo de humildad

(Basado en hechos reales)

Ella permanecía en aquella cama de hospital, esperando su final. La enfermedad y los años habían hecho mella en su cuerpo envejecido. Nunca se había cuidado demasiado, su vida se había reducido a trabajar con dureza para sacar adelante, primero a sus hermanos, pues todos ellos habían quedado huérfanos cuando eran pequeños, y después a su marido y a sus hijos. Ella era la menor de cinco hermanos, que desde los cinco años tuvo que tomar las riendas de la familia, la casa, la comida en una época en que los estragos de la guerra no ofrecían demasiadas alternativas, lo que le enseñó a espabilar, a cocinar con muy pocos recursos. Fue al colegio un año, lo justo para aprender a leer y escribir, pero ello no le convirtió en una ignorante, conocía el monte muy bien y lo que de él se podía recolectar. Conocía la vida en su parte práctica, la teoría siempre le rehuyó, pero eso no reducía sus ansias de salir adelante.
Recién casada tuvo que emigrar a otras tierras, dejando allí a sus hermanos ya mayores, a algunos de los cuales no volvería a ver nunca. Sólo viajaba a su pueblo de origen cuando la llamaban para comunicarle que alguno de ellos había muerto. Tuvo tres hijos, dos niños y una niña, aunque el hermano pequeño nació con una discapacidad que lo mantendría unido a su madre hasta el final de sus días. La mayor preocupación de la mujer era saber quién cuidaba a su niño, ya adulto, que la necesitaba las veinticuatro horas del día. Ella trabajaba en el sector de la limpieza, limpiaba colegios en una época en que el trabajo era precario y mal pagado. Pero era eso o nada. Las cosas no han cambiado tanto.
 Ella conocía una palabra: amor. Amor por su familia, por los demás, por su sencilla existencia, que transcurrió sin vida social alguna. Su mayor alegría era reunir cada fin de semana a sus hijos alrededor de su mesa, con sus cónyuges y sus nietos. Su relación con ellos era sana y fluida. También conocía otra palabra: paz. Lo primero que dijo a cada uno de sus hijos políticos al poner por primera vez los pies en su casa fue: “Aquí sólo queremos paz. Los problemas se hablan, pero no a las horas de comer”. Y así transcurrió su vida, alejada de ritos religiosos, sólo preocupada por los suyos, por su hijo discapacitado al que amaba tiernamente, y cuyo bienestar anteponía siempre al suyo propio.
Pero los años no perdonaron su vida sencilla, y un mal día fue ingresada en el hospital, sin que pudieran encontrar historial médico alguno sobre ella, pues nunca había ido a una consulta, sino que siempre se había curado de sus pequeños achaques y dolores con plantas que conocía bien y ella misma recogía en los campos cerca de su casa. Aquello fue un comenzar y un no parar. Le daban el alta cuando un pequeño problema se arreglaba, pero en pocos días otro parámetro vital se le descompensaba, y entonces la volvían a ingresar.
Hasta que una vez, pasados tres años de ingresos y altas por temas que en principio no eran graves, poco a poco su estado se fue agravando y ya no le quedaba esperanza de recuperación, la vida reclamaba su peaje.
Antes de cerrar los ojos para siempre, ella vio a sus padres y hermanos que la esperaban en la habitación del hospital, todos ellos etéreos, sonrientes, con los brazos abiertos. La mujer se fue con ellos, y mientras los demás lamentábamos su marcha, ella probó por primera vez el significado de la otra palabra que nunca pudo disfrutar: su libertad.
Dedicado a María, mi suegra, de la que guardo un amoroso recuerdo y cuyos años alrededor de su mesa añoro. Siempre serás ejemplo de humildad. Y también a todas esas personas sencillas que pasan a nuestro lado sin hacer ruido, pero que dejan un recuerdo indeleble en nosotros.
In memoriam.


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Un ejemplo de humildad de Susana Villar està subjecta a una llicència de Reconeixement 4.0 Internacional de Creative Commons

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